Hitler no perdió la guerra (sobre el antigitanismo hoy)

Por Javier Sáez

Hoy 2 de agosto se conmemora el Samudaripén, o Porrajmos, el genocidio que los nazis perpetraron contra los gitanos y gitanas europeos, en el que murieron cerca de 230.000 de gitanos y gitanas (probablemente muchos más, pero éste es el número de casos documentados). https://es.wikipedia.org/wiki/Porraimos

En los actos y manifiestos que hemos escuchado estos días (en el acto del Consejo de Europa ayer en Estrasburgo, en el acto que se celebró el 30 de julio en el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y en varios textos y declaraciones) escuchamos la misma frase, la misma idea: “tenemos que mantener el recuerdo vivo, la memoria viva, para que actos como éste no se vuelvan a repetir”.

Pero es que, en realidad, ya se ha repetido. Hitler, en cierto modo, no perdió la guerra. Su odio racista antigitano ha triunfado, y se perpetúa y se ejerce día tras día en ese otro genocidio silencioso que sufren los gitanos y gitanas en muchos países de Europa.

Aquí y ahora, en el año 2015.

No se trata de un genocidio planificado a escala industrial, como el nazi, u organizado por una alianza Iglesia-Estado-Monarquía como la Gran Redada de Gitanos (inspirada por el obispo de Oviedo Gaspar Vázquez Tablada, y ejecutada por el Marqués de la Ensenada y el rey Fernando VI en 1749), sino de una red compleja de actos y discursos antigitanos que atraviesan todas las sociedades donde hay poblaciones gitanas: segregación escolar en escuelas especiales, ataques físicos, insultos, asesinatos, segregación espacial en guetos, quema de viviendas, marchas paramilitares neonazis en sus pueblos, discriminación en el acceso a la salud, el empleo o la vivienda, represión policial, desahucios y expulsiones, discurso de odio por parte de políticos y medios de comunicación, esterilizaciones forzosas de las mujeres gitanas, ausencia de documentos de identidad, etc.

La lista de actos antigitanos que se dan actualmente es larga, amplísima, y es fácil conocerla: está en los informes de la FRA, del Consejo de Europa, de la OSCE, de Open Society, de Amnistía Internacional, del ERRC, del ERTF, de la Unión Romaní, de la Fundación Secretariado Gitano, en webs y redes sociales de activistas gitanos y gitanas (https://baxtalo.wordpress.com/  http://www.unionromani.org/      https://twitter.com/novoselskyvaler   https://groups.google.com/forum/#!forum/romano_liloro   http://www.romea.cz/en/ ) y en muchas otras publicaciones. No podemos alegar que no tenemos la información.

Esta trama compleja de discursos y prácticas que conforman la romafobia es la gran tragedia de la Europa actual, el síntoma de un gran fracaso, en la medida en que Europa, sus Estados miembros, no han sido capaces de combatir eficazmente este genocidio silencioso del que somos testigos. Esas mujeres gitanas que vemos mendigando en la calle de cualquier ciudad europea no son unas “víctimas de mafias gitanas”, es el síntoma de una huida, de un pueblo que aún hoy sigue siendo perseguido, que tiene que escapar de esa exclusión brutal que vemos en países como Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia o Chequia, donde ha podido comprobar in situ que la mayoría de los gitanos y gitanas siguen siendo personas sin derechos, sin acceso a la ciudadanía (por causa de ese mismo antigitanismo, no por ningún “rasgo cultural” o “incapacidad de integración”). O donde son el objetivo de los ataques de partidos y grupos neonazis como Jobbik (Hungría) o Amanecer Dorado (Grecia). O donde son desahuciados y expulsados por políticos locales o nacionales (Francia, Italia). O donde viven situaciones de discriminación cotidianamente (España, Reino Unido, Suecia, Polonia). O cuando se utiliza el antigitanismo como arma electoral (García Albiol).

Es necesario reconocer el profundo sentimiento antigitano que está en la base de las sociedades europeas, también en la española, y reconocerlo como un problema de la sociedad mayoritaria, sin banalizarlo. Contra el gitano todo vale. Desde el chiste burdo, hasta la negación de un servicio, o el uso mediático estereotipado que vemos en series como Anclados, Palabra de Gitano, los Gypsy Kings o la película El Rey Gitano; vale la discriminación, que sale impune, y vale el ataque organizado. Este problema, el antigitanismo, también debe entrar en la agenda política como una prioridad, y se debe escuchar a las asociaciones gitanas, que llevan organizadas desde hace bastantes años y tienen sus propias propuestas de actuación en la denuncia y la lucha contra el antigitanismo. No veo este grave asunto en la agenda política de los partidos, ni en la Estrategia Nacional de Inclusión Social de la Población Gitana (no hay medios, ni presupuesto, ni acciones concretas; no vale sólo decir en un acto público “estáis en vuestra casa”), y esta carencia también es un síntoma.

Todos esos actos de hostilidad y de odio que hemos señalado conducen a una especie de muerte civil del pueblo gitano. Y la muerte civil de un pueblo es también una forma de genocidio.

No, Hitler no perdió la guerra.  

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2 thoughts on “Hitler no perdió la guerra (sobre el antigitanismo hoy)

  1. Fantastico artculo Javier. Y quisiera destacar ese concepto de Pueblo Gitano como una unidad mas alla del pais de origen. Concepto no siempre presente en la relacion entre gitanos espanyoles y el resto de gitanos inmigrantes. Me da especial pena ver como muchas organizaciones gitanas y-o progitanas utilizan este terrible drama que padecieron basicamente los gitanos de la europa del este y luego tienen cero empatia y hasta no reconocimiento de la dura realidad de los gitanos inmigrantes en Espanya.

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